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ORIGEN Y TEMPERAMENTO

DEL BEAGLE

 

     Sería una inmensa tentación enfocar al beagle como perro de compañía: tan alegre es su carácter, tan sencillos y tan caseros son sus ademanes. En efecto, el beagle posee el típico temperamento amable, fiel, inteligente y jovial, indispensable para llevar la alegría a una casa. Además, no requiere excesivos cuidados, por lo que pasa casi desapercibido. Es limpio, su pelo es corto, su alimentación sobria, no es ladrador, ni pendenciero, ni vagabundo, su salud suele ser excelente, su pequeña tallar resulta de gran comodidad en viajes y desplazamientos.
     De hecho, es el más pequeño de todos los sabuesos ingleses y su nombre lo define perfectamente. Beagle desciende de la raíz celta beag, o del antiguo inglés beagle, palabras todas ellas que significaban pequeño. En  realidad, el beagle actual no sobrepasa los treinta y tres centímetros de altura al hombro, es macizo, y no se lo puede comparar ni a un chihuahua ni a un toy, aunque hubo una época en la que los cazadores transportaban ejemplares de esta raza tan reducidos que cabían en el bolsillo. Pero es lógico que se hayan preferido perros algo más grandes y resistentes para correr detrás  de la liebre.
     Durante mucho tiempo se pudieron ver beagles de tallas bastantes diferentes. Hay un dato curioso que la historia de la raza nos relata: fueron exportados a las regiones tropicales  (SriLanka y a Venezuela, más concretamente) grandes grupos de beagles para acosar leopardos y jaguares. Se deduce que no debían ser los ejemplares más pequeños. De todos modos, vemos aquí que a pesar de su talla y bondadoso carácter, el beagle también sabe demostrar valentía y sangre fría.
     Por otra parte, sin embargo, es indudable que el perro familiar, el amigo de los juegos y de los niños, el auténtico pet (como dirían los ingleses) se ve reflejado en estes pequeño animal que no duda en recurrir a las aptitudes mas diversas para hacernos reír, como por ejemplo andar sobre las dos patas traseras pidiendo una golosina. No hace falta ser un erudito adiestrador para conseguir trucos parecidos de un perro tan sumamente inteligente como el beagle al cual además, le encanta ser loado, aplaudido, y querido. 
El beagle es conocido internacionalmente ya que desde sus principios se lo ha exportado por doquier,  incluso fuera de Europa.
     No se puede dejar de apuntar que sería un grave error olvidar la funcionalidad de este pequeño perro, ya que, ante todo, es un perro de caza para el conejo, como lo demuestra su físico recio de sabueso emparentado con el foxhaund y el harrier, y un gran número de razas francesas descendientes de éstos mismos perros. El foxhaund, de hecho, es el hermano grande del beagle, veloz y fuerte, utilizado por cazadores a caballo para el zorro, como su nombre indica (fox significa zorro en inglés), y también para la liebre. El harrier no es  tan grande y no suele acosar al zorro, pero es perfecto para la liebre en la caza a caballo, gracias a su enorme resistencia y gran velocidad.
     El beagle es otra historia, está hecho para el hombre que quiere disfrutar de la caza y quiere ver como estos animales trabajan. Es muy posible que en un principio el foxhound, el beagle y el harrier, pertenecieran a una misma familia que fue ensanchándose poco a poco, según las necesidades de los cazadores y el tipo de caza que había que realizar.
     En inglés existe una frase hecha para definir un sonido melodioso, sugestivo y agradable al oído: singing beagles. Esta definición proviene precisamente de la voz armoniosa de varios beagles trabajando juntos tras la liebre y explicando a su manera el paso que sigue a la persecución y el rastreo.
     Un cazador experimentado nunca se equivocará al “traducir” la voz de sus perros, y sabrá adivinar si el rastro seguido es fresco o viejo, si la pieza está cercana o no, oculta en su madriguera o escondida tras un matorral. Como sonido en sí, la voz del beagle es melodiosa con tonalidades cambiantes, pero nunca estridente. Y el quejido de un beagle herido o triste es casi humano.    
Hace tanto tiempo que se conoce al beagle en las Islas Británicas que casi se lo podría considerar como una raza autóctona. Es, desde luego, uno de los perros de caza ingleses más antiguos, que, como ya hemos mencionado en la introducción, está totalmente emparentado con otras razas afines también muy antiguas, como el foxhound.
     Estos perros siempre fueron apreciados por su fino olfato y su particular forma de rastrear, y en las clasificaciones caninas se los ha opuesto a los lebreles, que se ayudan mas de la vista que de la trufa para perseguir a su presa.
Pruebas tangibles de la existencia del beagle como raza única no aparecen hasta el siglo XV, sólo tenemos la certeza de que había uno o varios tipos de sabuesos muy parecidos a él antes de  esa fecha. Durante el reinado de Enrique VII, en el siglo XVI, ya son más fehacientes las evidencias de que la raza existía como tal aunque es posible, una vez más, de que se tratara de un hermano parecido. Es fácil entender el porqué de las dudas de los cinófilos con respecto a la fecha del origen del beagle, si se tiene en cuenta que desde la antigüedad se venían haciendo definiciones que bien podrían aplicarse a la raza.
     En 1644 aparece por primera vez la palabra beagle para definir a un tipo muy específico de  sabueso, surge esta palabra en los libros de contabilidad (si así pueden llamarse los libros de apuntes domésticos de aquella época) pertenecientes a los duques de Belford, que tenían siempre prevista una provisión extraordinaria de alimento para sus beagles. Cierto es que anteriormente la palabra beagle
había aparecido en las palabras de Jaime I de Inglaterra, gran cazador, pero se refería a estos perros de forma genérica, como quien quiere describir a un perro de pequeña talla.
     A partir de 1650 todas las familias reales británicas dispondrán de sus jaurías particulares y, si se puede decir de esta forma, de sus líneas de  sangre propias. Entre otros, y por la supuesta calidad de las rehalas, debemos citar a Guillermo III, a la reina Isabel I y a la reina Victoria. Por aquel entonces, cazar no era considerado un deporte exclusivamente para señores, y las reinas pasaban gran parte del día vigilando el estado de sus perros. Existían todavía perros de muy diferentes tallas, algunos de los cuales no pasaban de la mitad de lo que un beagle normal actual, y otros que alcanzaban la altura a la cruz de un foxhound.
     Durante la Segunda Guerra Mundial, la población de beagles, entonces muy nutrida, decreció enormemente y desaparecieron numerosas líneas de sangre. Los cazadores y criadores que trabajaron para reavivar la raza, buscando nueva sangre y mejores ejemplares, se encargaron de homogeneizarla y de darle un aspecto lógico de sabueso y funcional. Desaparecieron totalmente los perros muy pequeños, en vista de que la caza para el zorro era encargada a perros de mayor talla, como el foxhound, se decidió dar a la raza un formato medio pero fuerte, macizo, no muy alto de patas, pero bien cuadrado.
     Los beagles son los perros británicos que más han sido exportados al extranjero, incluyendo los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y, lógicamente, toda Europa central. También llegaron hasta América del Sur y la India. Sólo en Inglaterra, desde hace mas de un siglo,  no ha habio ninguna exposición canina de belleza importante en que no hayan estado presentes unos o varios ejemplares de esta raza. Y son raras las pruebas de campo en América o el Reino Unido que no cuenten con la presencia, a menudo acompañada por el éxito, de un grupo de beagles.   
“¿Hay que coger un conejo o una liebre en un seto?.Llevado por su ardor, el beagle se meterá en los zarzales pasando por entre las espinas y las aliagas mucho mejor que los perros grandes y enseguida llegará al punto exacto. Franqueará fácilmente todos los obstáculos que encuentre en el terreno. Lanzado en persecución de la liebre, atravesará los ríos sin dificultad. Los verdaderos beagles tienen una buena garganta. Su timbre es agudo y se oye desde muy lejos; si se tiene el viento de cara, se les puede escuchar a kilómetros de distancia. En cuanto a finura de olfato, no tienen nada que envidiar a los demás perros, ojean incluso en los caminos y son muy diestros en el rastreo. Creemos que este perro tiene un brillante futuro, entre otras cosas porque cuando regresamos a casa, encontramos unos encantadores animales, muy inteligentes, que se pueden educar y son capaces de tumbarse junto a la chimenea tan bien como cualquier perro de salón”.
     Esta descripción del beagle, perfectamente actual a pesar de que fue publicada en 1888 por E. Derflat en la revista La Gazette des Sports, explica las razones del éxito mundial alcanzado por el beagle en su doble papel de perro sabueso y de animal familiar.
     Inteligente, jovial, poco voluminoso, económico, fácil de asear con su pelo plano que aguanta las espinas y sel barro, resistente, muy buscador, tenaz, apasionado, es el auxiliar ideal del montero a pie en la caza del conejo y aporta una valiosa ayuda al cazador de  escopeta de caza menor, al tiempo que su carácter agradable y despierto, desprovisto de agresividad y de cualquier rastro de timidez, lo convierten en un acompañante que se hace querer y que es muy apreciado por los niños. 
  


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