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LA RAZA DEL URUGUAY

 

 

Nacido de los cruzamientos de los perros introducidos por los españoles durante la conquista, el Cimarrón es la única raza uruguaya tallada por la naturaleza, como los Cerros de Tacuarembó, como los árboles espinosos del Río Negro, del Olimar, del Cebollatí, tan nuestro como los Cerros Largos o la Quebrada de los Cuervos; es un pedacito de historia viviente.

Cimarrón, raza autóctona por secular y natural selección de los más aptos, de los mas fuertes, de los mas resistentes, de los mas astutos. También se le llama perro criollo, válida denominación, pues como señala Daniel Granada, criollo significa "el descendiente de extranjeros, no siendo americano, nacido en las regiones del Plata"; pero tal vez la denominación mas válida hasta el momento haya sido la del historiador, profesor Fernando Assuncao, que define al Cimarrón como "un perro gaucho", por considerarlo libre y autosuficiente.

Cimarrones en la Banda Oriental

Innumerables documentos y parajes hablan claramente de la presencia de estos cánidos y su bravura en la vieja Banda Oriental. Un sacerdote jesuita, el padre Gervasoni, en un viaje a las misiones del alto Uruguay y Paraná, en sus cartas Annuas, escritas en 1730 no puede ocultar su asombro y expresa: "No he visto en país alguno, perros en tan gran número", pero el padre Cattano, otro jesuita que lo acompañó en ese viaje, luego de describir las terribles matanzas de vacunos en la famosa vaquería, agrega: "Mejor sería hacer esos estragos entre los perros Cimarrones los cuales se han multiplicado también, de modo que en todas las campañas circunvecinas los hay y viven en cuevas subterráneas que trabajan ellos mismos, y cuya embocadura parece un cementerio por la cantidad de huesos que la rodean; y quiera el cielo que, faltándoles la cantidad de carne que encuentran ahora en los campos, irritados por el hambre, no acaben por asaltar a los hombres"

Ante este peligro el Cabildo ordena el combate y exterminio de los Cimarrones en toda la campaña, dictándose bandos y organizándose partidas de la muerte. "A mediados del 1788, el Marqués de Loretose aprobó por expreso una acordada del Muy ilustre Cabildo de Buenos Aires, acerca de exterminar en esta capital y su campaña los perros cimarrones."

Las ordenanzas oficiales, según cuenta la historia, dispusieron que era obligatorio que concurrieran todos los hombres "estantes o habitantes" de cada pago, pero "además de los vecinos y toda la milicia, especialmente debían concurrir, los muchos que llaman agregados, ociosos o vagos, una clara alusión a los gauchos y si se negaban se proceda a su arresto "

"deben remitirse las mandíbulas y quijadas con relación de su número para consuelo del vecindario, y deben también matarse a los perros domésticos, dejando para custodia de las casas un número, sin exceder de cuatro."

Esos perros domésticos deberían permanecer atados, "de modo que no causen perjuicios , como muchas veces se ha experimentado y de noche, cuando pueden ser más útiles , sueltos hasta las horas de la madrugada.

A comienzos del 1795 "por iniciativa del Alcalde de Primer Voto de Soriano, Juan Bautista Nuñez", se dispuso una gran corrida a los perros de su jurisdicción. La sombra de la muerte se inició en la barra del Cebollatí y culminó en los Cerros Largos, exterminándose, solo en ese lugar 13 mil animales.

Luego, otras partidas llegan a contar con un total de 300 mil perros muertos en esa misma región, último refugio de los cimarrones, pero sin embargo, de acuerdo a partes del Cabildo de Soriano: "gran cantidad de madres con su prole, ganaron los montes del Olimar y las Sierras de Otazo y los Cerros Largos"

La historia describe al Cimarrón como un sabueso criollo, inteligente, mezcla de galgo y podenco de presa, fuerte, guapo, ligero, listo, gran cazador de mulitas y peludos, de gamos y avestruces y enemigo de los zorros. Afirman que es un perro gordo y macizo, de reluciente pelo color amarillo o atigrado..

Los actuales cimarrones

Además de aquella gran ferocidad, los actuales cimarrones, descendientes directos de aquellos que poblaron nuestra campaña, preservados en las estancias del interior del país, especialmente en aquellas linderas al Arroyo Zapallar, en Cerro Largo, han perdido mucho tamaño.

Hoy el Cimarrón es un excelente perro de guardia y protección, sumamente dócil, fiel guardián de su amo y sus pertenencias y un hábil trabajador con ganado, especialmente vacuno. Se destaca ampliamente en la caza mayor, principalmente en la del jabalí, una verdadera Plaga Nacional que puebla los campos Uruguayos, desplazando en muchos grupos de cazadores a otras especies usadas para tal fin.

Si bien el Cimarrón ha sido reconocido por el Kennel Club del Uruguay, aún no ha podido ser homologado por la Federación Cinológica Internacional,(*) por eso, mucho esfuerzo y dedicación hacen falta para que, frente al futuro Mercosur, Uruguay también llegue a tener su propia raza canina, reconocida a nivel Internacional, tal como sucedió en Brasil con el Fila o en la Argentina con el Dogo.

Sus características mas importantes son las de ser un perro de talla media, fuerte, robusto, con una muy buena musculatura distribuida en su ancho pecho, poseedor de gran olfato y de una poderosa mordida. Obediente y ágil, no es un perro ladrador y una vez localizada la presa arremete con ferocidad buscando los garrones o las orejas para estaquear al jabalí.


(*) Objetivo Cumplido. La República Oriental del Uruguay, tiene su raza autóctona reconocida oficialmente por la Federacíon Cinológica Internacional.


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